Existen aquellas personas que llamamos “amantes” a las cuales les entregamos cada parte de nuestro ser, dejamos que su aroma se transforme en el aire que respiramos, acariciamos su pelo mientras duerme para encontrar cada hebra desaliñada y acomodarla.
Esas personas nos hacen mejores o peores seres humanos, pueden destruirnos si así lo quieren, pueden mentirnos sin que nos demos cuenta de cual es la mentira que te lleva a la verdad, pero lo peor es cuando caes enamorado de estás personas que se vuelven tú mundo.
Donde el oxígeno ya no te basta por que necesitas a ese ser cerca de ti, la comida no te satisface por que él no está comiendo contigo, todos los goces de la vida se van sin decirte por que tan sólo por que no estás a su lado en ese momento.
Nos enamoramos de cosas irreales que nos hacen sentir mejor que nada, se vuelven adictivas, se colocan justo debajo de la piel que es donde más nos duele, nos dejamos abrazar y que sus brazos se vuelvan un abrigo de protección, dejamos que su hombro sea donde las lágrimas se purifiquen mientras resbalan por su tierna piel, nos convertimos en lo que ellos desean que seamos.
Creamos un mundo de sueños donde nada es imposible, somos inmortales y ninguna arma puede terminar con nuestra presencia, pero también nuestros amantes sí lo desean nos dejan sin ninguna protección, nos desnudan frente a ellos, algunas veces nos hacen caricias que no dejamos pasar pero otras veces nos provocan heridas que desangran cualquier alma.
Si los amantes lo desean escriben su nombre en letras grandes sobre nuestra espalda para beber de nuestra sangre hasta embriagarse, nos hacen esos ojos que parecen perlas bajo el obscuro mar de sombras y la única luz es la que su iris hace.
Hacemos que nos guíen dentro de la noche, toman nuestra mano para que no caigamos en un agujero, besan nuestros labios hasta dejarlos hinchados, sus dedos trazan poemas en nuestra carne para recordarnos la palabra más sagrada para cualquier amante.
La muerte nos acecha constantemente pero a su lado ni siquiera sentimos los escalofríos, nuestras experiencias nos hacen maestros, el aprendizaje nos hace fuertes pero sobre ellos nos hacen ser sus cazadores de sueños, las personas que los hacen sentir humanos, las que los llenamos de admiración y devoción.
El amor duele pero también te llena de alegría, nos hace animales nocturnos y con los amantes descubrimos lo que es hacer el amor pero también a ver la ciudad con las luces de las almas perdidas en el cielo, la luna siempre nos llena de pasión ante nuestros amantes pero lo mejor de todo es cuando deciden escribir la palabra amor en el corazón ensangrentado de su consorte pero es la mejor marca que te puede hacer en nombre de ellos.
Esas personas nos hacen mejores o peores seres humanos, pueden destruirnos si así lo quieren, pueden mentirnos sin que nos demos cuenta de cual es la mentira que te lleva a la verdad, pero lo peor es cuando caes enamorado de estás personas que se vuelven tú mundo.
Donde el oxígeno ya no te basta por que necesitas a ese ser cerca de ti, la comida no te satisface por que él no está comiendo contigo, todos los goces de la vida se van sin decirte por que tan sólo por que no estás a su lado en ese momento.
Nos enamoramos de cosas irreales que nos hacen sentir mejor que nada, se vuelven adictivas, se colocan justo debajo de la piel que es donde más nos duele, nos dejamos abrazar y que sus brazos se vuelvan un abrigo de protección, dejamos que su hombro sea donde las lágrimas se purifiquen mientras resbalan por su tierna piel, nos convertimos en lo que ellos desean que seamos.
Creamos un mundo de sueños donde nada es imposible, somos inmortales y ninguna arma puede terminar con nuestra presencia, pero también nuestros amantes sí lo desean nos dejan sin ninguna protección, nos desnudan frente a ellos, algunas veces nos hacen caricias que no dejamos pasar pero otras veces nos provocan heridas que desangran cualquier alma.
Si los amantes lo desean escriben su nombre en letras grandes sobre nuestra espalda para beber de nuestra sangre hasta embriagarse, nos hacen esos ojos que parecen perlas bajo el obscuro mar de sombras y la única luz es la que su iris hace.
Hacemos que nos guíen dentro de la noche, toman nuestra mano para que no caigamos en un agujero, besan nuestros labios hasta dejarlos hinchados, sus dedos trazan poemas en nuestra carne para recordarnos la palabra más sagrada para cualquier amante.
La muerte nos acecha constantemente pero a su lado ni siquiera sentimos los escalofríos, nuestras experiencias nos hacen maestros, el aprendizaje nos hace fuertes pero sobre ellos nos hacen ser sus cazadores de sueños, las personas que los hacen sentir humanos, las que los llenamos de admiración y devoción.
El amor duele pero también te llena de alegría, nos hace animales nocturnos y con los amantes descubrimos lo que es hacer el amor pero también a ver la ciudad con las luces de las almas perdidas en el cielo, la luna siempre nos llena de pasión ante nuestros amantes pero lo mejor de todo es cuando deciden escribir la palabra amor en el corazón ensangrentado de su consorte pero es la mejor marca que te puede hacer en nombre de ellos.
“Love is written with blood”
